domingo, 17 de mayo de 2009

Cine de tématica Ecosocial: DERSU UZALA, EL CAZADOR.


Hoy os presentamos otra película mítica, del legendario director japonés Akira Kurosawa, famoso por películas como Trono de Sangre ó Ran. Esta película dirigida por él, en 1975 después de una grave depresión por falta de éxitos, que le condujo a una tentativa de suicidio, recibió el Oscar a la mejor película de habla no inglesa así como diversos premios como el David de Donatello a la mejor película del año y en el Festival de Cine de Moscú. La producción de la película así como los actores (Yuri Solomin y Maxim Munzuk) eran soviéticos. Hemos elegido este film por los valores que creemos que aporta, sobretodo como critica inteligente al artificial modo de vida urbano, en contraposición a la naturalidad del medio rural y a la compenetración con la naturaleza y el entorno que representa y entraña éste. En este caso representado por el medio salvaje e inhóspito de la taiga siberiana. Dersu Uzala también alberga una historia de amistad entre dos hombres, que por casualidades de la vida , al encontrarse supieron aprender el uno del otro y sembrar la semilla de una amistad verdadera, a pesar de las abrumadoras diferencias que existian en la psique y la cosmovisión de cada uno de los dos. Esta película durante los años 70 se convirtió en un símbolo para la comunidad naturista, miles de naturistas, vegetarianos, ecologistas, veganos, nudistas, etc. abarrotaron las salas de cine de nuestro país.
En definitiva , una gran película de la que os recomendamos su visionado. A continuación os ofrecemos la critica que hizo de la película la revista cultural El Martillo en su primer numero de octubre de 1977 (os advertimos que cuenta demasiados detalles del argumento) y acto seguido teneis todos los enlaces ordenados para que podais ver íntegramente la película. Disfrutad de esta obra de arte.

DERSU UZALA
Un capitán al frente de una expedición dedicada a investigaciones cartográficas encuentra en plena taiga a un cazador llamado Dersu Uzala. El capitán, haciendo las veces de narrador y protagonista testimonial, nos contará en “off”, con breves acotaciones, confiando a la imagen la mayor expresividad, las distintas inflexiones de su amistad con el cazador.
Dersu Uzala vive perfectamente engranado en su medio. Entre él y la Naturaleza existe una asombrosa compenetración. Dersu despliega tres niveles de conocimiento. Un primer conocimiento racional: sabe que se avecina una choza porque las cortezas de los árboles están arrancadas, que un viejo pasó por allí porqué dejó marcados sobre la nieve unos pesados talones. Un segundo conocimiento sinestético: huele a los jabalíes, oye el humo. Un tercer conocimiento mágico-religioso: concibe como personas al sol, al fuego, al viento y a los animales, presiente la existencia de Katenga, el espíritu del mal.
En el primer viaje de reconocimiento, Dersu sorprende al capitán y a sus hombres por su capacidad de interacción con la Naturaleza. Una tormenta en un lago helado subraya esta formidable fuerza de adaptación del cazador. En cambio, el capitán, a pesar de su topolito y de su brújula, sucumbe al frío y al viento. Esta jornada de lucha desesperada con la Naturaleza consolida la amistad de los dos hombres. Días después, su despedida, mientras el cazador trepa, patizambo, por una colina nevada y el capitán encabeza la expedición que camina por la via hacia Vladivostok, reviene sobria y conmovedora.
En el segundo viaje por la selva, cinco años mas tarde y tras un reencuentro de los dos hombres, Dersu inicia un declive personal. Progresivamente perderá precisión en el disparo y sentido de la orientación. La taiga se le vuelve hostil, inhabitable. Es ahora el capitán quien ofrece su hospitalidad, como antes lo había hecho el cazador encarnando al gran anfitrión de la selva.
En Jabarovsk, en el hogar del capitán, será Dersu el inadaptado, como su amigo lo había sido en el lago. Se invierten, pues, las capacidades de adaptación. Kurosawa, a través de esta marginación del cazador en la ciudad, está cuestionando –con ternura, con sorna, con escrupulosidad- toda una serie de valores institucionalizados típicos de sociedades civilizadas. El encuadre interior –pródigo de composición- que recoge al hijo tocando el piano, al padre leyendo y a la madre haciendo calceta, mientras el cazador se acurruca delante del fuego (único trasunto ciudadano de su vida en la selva), informa de la pérdida de unos valores naturales y de su suplantación por otros de carácter social. Cuando Dersu pregunta perplejo como se puede vivir dentro de un cajón o cuando, observando que la familia paga por proveerse de leña, tala un árbol del parque tratando de mostrarse solícito, Kurosawa está haciendo una denuncia de valores establecidos mucho mas eficaz que la que parte de directores rabiosos que embisten a troche y moche desde ópticas adultas. Es impensable que el espectador sensible se suspenda en el puro regocijo ante estas actitudes de Dersu, porque, para entonces, Dersu, a través de su admirable fusión con la taiga y sus moradores, tiene ya ganados todos nuestros afectos. Por esto, sus pasmos en la ciudad -¿porqué la familia debe pagar el agua cuando ésta fluye abundantemente en las fuentes?- , nacidos en una zona de ingenuidad muy próxima a la infantil, resultan críticas mordaces a todo un sistema empañado de artificiosidad.
Kurosawa desplazará el centro de interés cada vez mas hacia la amistad de estos dos hombres, relegando la potenciación épica del contorno. Su obra está realizada con una sobriedad extraordinaria, espantando efectismos, que siempre están a punto de aflorar.
Díria que esta película, más que un canto a la amistad, es un canto a la espontaneidad. Las tomas fotográficas que la expedición hace del cazador y del capitán, descubren a Dersu siempre natural. Su rígidez ante la camara puede parecernos ridícula porque, de siempre, estamos acostumbrados a actitudes mas relajadas. Pero aún en las personas mas fotogénicas, o menos sospechosas de afectación, hay siempre un lugar para la pose. Y esto, la pose, es justamente lo que no encaja con Dersu.
El cazador vive en un constante reflujo de espontaneidad con la Naturaleza. Le ilusiona cazar martas cibellinas, y cuando obtiene las presas y las canjea por dinero, es engañado por los hombres, que le emborrachan de vodka para robarle. En cuanto lo natural se conmuta por lo artificioso, se rompe el perfecto equilibrio. El capitán entregará a Dersu una escopeta de último modelo para restituirle de sus dotes ya maltrechas. Pero la escopeta propiciará su muerte, en lugar de prorrogarla: unos jungueses le asesinan para quitarle el arma.Al final, sobre su sepultura, el capitán hincará el cayado del cazador, como haciendo un doble homenaje a su amistad y a la espontaneidad de Dersu Uzala.


http://www.youtube.com/watch?v=5vkraVg3nOU&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=KXCaaAfKvss&feature=related
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